Capítulo 1 1 Mi nombre: Rayo
SOY
El rey.
El compa.
El chamaco.
El único.
El inigualable.
El Lu. El suertudo Lu. O como me digo a mí mismo, el lindo Lu. O como mi madre me apoda, el rayo Lu, porque el relámpago es tan especial que nunca ocurre de la misma manera o en el mismo sitio dos veces. Es lo que dice ella. Y me gusta el apodo, pero no creo lo de los relámpagos. No creo que no den contra el mismo árbol o la misma casa o la misma persona más de una vez. Creo que mamá se ha equivocado al respecto. Juro que a veces parece que habla solo por hablar. Además, ¿cómo lo sabría? Es decir, ella sabe muchos chismes de muchas cosas porque es madre y las madres tienen que saber cosas, pero los tipos que asistieron a la uni para aprender esas cosas, como los que estudian el tiempo y los meteorólogos (que sinceramente deben de estudiar meteoros y no el clima), ni ellos lo saben (porque deben estar estudiando los meteoros y no el clima). Los que anuncian que hay un 50 % de probabilidad de que llueva. Un poco. Mucho. Hoy. O quizás mañana. ¡Qué va! ¿Y se supone que debo simplemente creer que un rayo no da contra el mismo sitio dos veces? ¿Nunca? Venga.
¿Quieres saber quién me hizo saber que mi madre estaba equivocada? Fantasma. Una vez me contó de un compa —su nombre empezaba por R— que tiene el récord de ser alcanzado por un rayo, no una vez, no dos veces, no tres veces, no CUATRO veces, no CINCO VECES, NO SEIS VECES, sino… ¡SIETE VECES! Si yo fuera Ray o Ron o cualquiera que sea su nombre (o haya sido, porque el tipo tiene que estar muerto), me habría quedado en casa después del segundo rayo. O sea, ¿en qué estaba pensando? Conociéndolo (la verdad es que no lo conozco, pero conozco gente como él así que es prácticamente la misma cosa), probablemente escuchaba a un meteorólogo. O a mi madre, que, a propósito, cuando dice eso de que cae un rayo, ni siquiera habla de un rayo de verdad. ¿Como rayos eléctricos en el cielo? Nones. Ella solo habla de momentos… eléctricos… en la vida. Y yo era, sin duda, el momento más eléctrico de la suya. Uno en cada diecisiete mil. Albino. Nacido sin melanina, lo que quiere decir, sin marrón. Y honestamente, yo ni siquiera debía haber nacido, porque se suponía que mi mamá no podía tener hijos. Así que algo especial por partida doble, una vez en la vida.
Hasta ayer.
Era la cena del domingo, que es igual que la cena del lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado, excepto que mamá siempre cocina algo distinto. Y este domingo, mi viejo, que en general trabaja tarde, estaba allí sentado a la mesa con mi madre, los dos listos para dejar caer una noticia.
—Vamos a tener otro hijo. —Casi lo cantaron, como una canción pegajosa. Como si lo hubieran ensayado y todo.
—¿En serio? —Eso fue todo lo que pude decir o soltar en el momento, pero dentro de mi cabeza me decía, Eh, ¿están hablando en serio, serio?, ¿no bromean?, y si están bromeando no es nada chistoso. Espera, ¿qué? Nones, no puede ser que estén hablando en serio, de verdad, de verdad, de verdad. Estiraba el cuello para ver la barriga de mi madre, aunque ella estaba sentada. Mi padre estaba metiendo sus collares de oro debajo de su camisa —siempre lo hacía cuando comía—, luego me dio un golpecito en el brazo con el dorso de la mano. Y cuando lo miré, mientras me preguntaba por qué había hecho eso, se limitó a sacudir la cabeza muy rápido como si supiera algo que yo no sabía. Como si él supiera algo que yo no quería saber—. Lo siento —aullé—, es que… ¡ni se te nota!
Pellizqué y jalé un pedazo de carne de la alita de pavo en mi plato, una receta que mi madre dijo que le había dado la tía de Patty. Estaba bastante rica, aunque me parecía medio raro comer solo alitas de pavo sin el resto del pavo. Para eso están las alitas de pollo.
—Hablamos muy en serio —mamá sonrió—, estamos de casi tres meses y el médico dice que para el seis de diciembre tendrás un hermanito o una hermanita. —Juro que su rostro resplandecía como si tuviera bombillas en las mejillas—. Es por eso que he estado más cansada de lo normal últimamente y por lo que a veces llego tarde para recogerte al entrenamiento. He estado con un poco de náuseas durante el día.
—¿Náuseas?
—Sí, pero no es nada grave. Cosas normales del embarazo. Pero esa parte del embarazo está casi por terminar. —Cruzó los dedos—. Ah, y… bueno… gracias por no poder notar que estoy embarazada solo con mirarme. Créeme, se me notará bien pronto. Sabes, tú tardaste en darte a conocer también.
—Y el chamaco no ha dejado de darse a conocer desde entonces —añadió mi viejo.
—Así es. —Mamá se apretó la camisa contra la barriga lo suficiente para mostrarme un bulto no más grande que el que aparece después de una comida de Acción de Gracias. La única diferencia es que no era el día de Acción de Gracias, aunque… pavo—. De todas formas, te lo estamos contando ahora porque mañana tenemos cita con el médico.
—¿Voy yo?
—Bueno… lo pensamos, pero ya sabes que es la semana del campeonato. —Dejó el tenedor. Se cruzó de brazos sobre la mesa—. ¿Quieres acompañarnos? ¿O prefieres ir al entrenamiento?
Asunto complicado. Definitivamente quería acompañarlos donde el médico para ver qué onda con el bebé, pero no si hacían lo que pensaba que iban a hacer allí.
—Depende. ¿Van a hacer la cosa con el… —Cerré el puño y lo moví lentamente sobre mi barriga para demostrar cómo usan esa cosa mecánica que transforma al bebé en una masa amorfa de realidad virtual con un latido y todo eso—. Y luego el bebé aparecerá en la pantalla luciendo como una toma anticuada del aterrizaje lunar? —una masa amorfa o la tele del pasado, cuando el televisor era básicamente una radio con pantalla.
Papá casi se atraganta con su bebida.
—Una ecografía. —Mi madre le dio un nombre a mi descripción genial—. ¿Y cuándo viste tú la toma del aterrizaje lunar?
—Fantasma me la mostró.
Bueno, en realidad Fantasma le había pedido a Patty que la buscara en su móvil porque él intentaba convencernos de que nunca ocurrió. Oyó a unos tipos en la parada de autobús diciendo que todo eso era falso. Patty dijo que el padre de un amigo suyo era ingeniero aeroespacial (¡ni siquiera sabía que eso era un trabajo de verdad!) y que ella podía probar que el aterrizaje lunar sí ocurrió. Y Sunny, bueno, él dijo que ya sabía que fue real —el aterrizaje (y la caminata lunar)— porque él había estado allí… en la luna. Eso es lo que dijo. Lástima que su disco no llegue nunca a la luna. Sunny no puede lanzar esa cosa lo suficientemente lejos como para aterrizar en otro lugar que no sea el último lugar. Hace unas semanas, en la primera competencia en que lanzó el disco, se paró encima de la raya en sus dos primeros intentos. Patty, Fantasma y yo empezamos a echarle porras para asegurarnos de que no se sintiera mal porque lucía bastante mal allí en el círculo. Incluso su viejo se unió a nosotros a animarlo. Y luego todos empezaron a aplaudir y gritar: ¡Tú puedes, Sunny! y ¡Vamos, Sunny! y ¡Esto es pan comido para ti! y otras cosas por el estilo. Incluso unas personas de los otros equipos lo animaron. Se preparó para lanzar de nuevo y empezó a tomar impulso. Su rostro lucía más intenso de lo que jamás había visto. Tomó impulso tres veces y luego dio la vuelta, dio el paso, y al momento de lanzar el disco, le salió un sonido como… ni sé cómo explicarlo. Como un aullido. Como el aullido de una ballena. Algo primitivo. Y el disco viajó unos tres metros. Como mucho. Quiero decir que la cosa no fue a ninguna parte, pero Sunny sí logró lanzar el disco sin cometer falta. Y sonreía de oreja a oreja. Todos sonreíamos. Levantó las manos, empezó de repente a bailar medio raro y todo eso. Último puesto. Pero solo tres personas competían, así que lo bueno para él fue que el último puesto fue aún… el tercer puesto.
—Así que, anjá. ¿Van a hacerle una ecografía al bebé? —seguí.
—Sí, para asegurar que todo está latiendo y creciendo. —Mi madre movió los dedos en el aire, y aunque no podía ver sus pies, sabía que también movía los dedos de los pies.
—¿Van a averiguar si es un niño?
—O… una niña —mamá me corrigió.
—Claro… o una niña.
Mamá miró a papá. Luego me miró de nuevo. Asintió con la cabeza y sonrió. Eso fue un «sí».
—Bueno. Entonces me voy al entrenamiento.
—¿Por qué? —Mi madre parecía sorprendida, como si yo hubiera dicho que me iba a la luna o algo por el estilo.
—¡Para que ustedes puedan regresar a casa y sorprenderme!
Me encantan las sorpresas. Siempre me han encantado. Mis viejos solían darme fiestas de cumpleaños sorpresa todos los años cuando era más chico, y aunque nunca me sorprendían de verdad —porque lo hacían todos los años— aun así, estaba feliz de que lo hicieran, hasta que les pedí que empezaran a sorprenderme con nuevos tenis para mi cumple, y así podría sorprender al mundo. Mi viejo siempre sorprende a mi madre con flores y cosas de esposo-esposa, y mi madre nos sorprende a nosotros con cosas como las alitas de pavo. Tengo que decir que, de veras, de veras, este embarazo fue una sorpresa. ¡Quizás la sorpresa más grande de la historia! Es así como ¡BUM! ¡LU, VAS A TENER UN HERMANITO! O… una hermanita. ¡SORPRESA!
—O… ká. —Mi padre cruzó una mirada con mi madre, y otra vez, como si lo hubieran ensayado, los dos se encogieron de hombros—. Bueno, obviamente ninguno de los dos podrá recogerte del entrenamiento y adivinamos que ibas a querer estar allí, así que ya lo hemos arreglado para que, ejem… —se aclaró la garganta—, para que el entrenador te traiga a casa.
Asentí con la cabeza mientras mordisqueaba el extremo nudoso del hueso de pavo.
—Pero es una noticia emocionante, ¿cierto? —La sonrisa de mi madre parecía que podía partir toda la mitad inferior de su rostro.
—Anjá. —Limpié la grasa de mi boca con el dorso de la mano. —Pero… es un poco… No sé. Es… es que pensé que…
—Lo sé. —me interrumpió mi viejo—. Nosotros pensamos lo mismo.
Lo que iba a decir era que creía que mamá no podía tener más hijos. Eso es lo que siempre decía. Eso es lo que ellos siempre decían. Eso es lo que ellos decían que los médicos siempre decían. Según ellos, yo era un milagro. No debía haber nacido. Así que otro bebé era casi imposible. Un milagro con un poco más de lo milagroso rociado encima.
La magia.
Un rayo.
Que cae. Dos veces.